Qué es la clasificación
El sistema internacional conocido como Clasificación de Niza, administrado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, ordena productos y servicios en un conjunto de clases para facilitar el registro y la búsqueda.
Su función es administrativa y su efecto es sustantivo, porque la protección concedida se refiere a lo que se ha solicitado. Un mismo nombre puede pertenecer a titulares distintos en sectores alejados sin que exista conflicto.
Conviene entender un matiz que se malinterpreta a menudo: la clase no es una frontera hermética. La comparación relevante sigue siendo la similitud entre productos o servicios, y puede haber conflicto entre clases distintas cuando los productos están relacionados, o no haberlo dentro de la misma clase cuando no lo están.
| Error | Consecuencia | Coste de corregirlo |
|---|---|---|
| Registrar sólo la clase evidente | El negocio que crece queda sin cubrir | Alto si alguien se ha adelantado |
| Copiar la lista de otra empresa | Cobertura que no corresponde | Medio |
| Proteger sólo el logotipo | El cambio de identidad desfasa la protección | Medio |
| Olvidar denominaciones de línea | Signos en uso sin ninguna protección | Variable |
| Lista excesivamente amplia | Exposición a la falta de uso efectivo | Medio |
Marco de trabajo de la redacción. No es una medición de mercado y no procede de ningún estudio.
Cómo se eligen
La elección se hace con tres preguntas.
Qué vende la empresa hoy. Parece evidente y se hace mal con frecuencia, sobre todo cuando la actividad combina fabricación, distribución y servicios, que suelen caer en clases distintas.
Hacia dónde va a crecer. Un fabricante que prevé abrir venta directa o servicios asociados necesita cubrir esas clases antes de necesitarlas.
Qué hacen los competidores. Revisar los registros de competidores del sector es una fuente barata de criterio sobre qué clases se consideran necesarias en esa actividad.
La lista de productos y servicios dentro de cada clase también importa: una redacción demasiado estrecha limita la protección y una demasiado amplia se expone a la falta de uso efectivo.
Errores que estrechan la protección
Registrar sólo la clase evidente. El caso típico es la empresa que registra el producto y no el servicio con el que después construye su negocio.
Copiar la lista de otro. Las listas de productos y servicios se redactan para una actividad concreta y trasladarlas produce coberturas que no corresponden.
Registrar el logotipo y no el nombre. Si se protege únicamente una versión gráfica, un cambio de identidad puede dejar la protección desfasada. Registrar el elemento denominativo suele dar una cobertura más estable.
Olvidar el nombre comercial y los signos secundarios. Muchas empresas usan una marca principal y varias denominaciones de línea sin protección alguna.
Ampliar después
Cuando la empresa entra en una actividad nueva, la ampliación se hace mediante una solicitud nueva para las clases correspondientes, con la fecha de esa solicitud y no la de la marca original.
Esa diferencia de fecha es lo que hace importante anticiparse: entre medias puede haber aparecido un tercero con un derecho anterior en esa clase, y entonces la empresa se encuentra con que no puede usar su propio nombre en su actividad nueva.
Es un escenario más frecuente de lo que parece en empresas que crecen hacia servicios adyacentes, y enlaza con la decisión tratada en marca nueva o extensión.
Otros signos protegibles
Además del nombre, pueden protegerse otros elementos que funcionan como activos distintivos: elementos gráficos, formas tridimensionales y, con requisitos exigentes, colores o combinaciones de color.
La exigencia común es la distintividad, es decir, la aptitud del signo para identificar un origen empresarial. Cuanto más descriptivo o común es un elemento, más difícil resulta apropiárselo, y en el caso del color la carga de acreditar esa asociación es especialmente alta.
Conviene consultar los criterios publicados por la EUIPO y por la OEPM antes de construir una estrategia de identidad que dependa por completo de un elemento difícil de proteger.
Lo que conviene llevarse
Una marca protege un signo para unos productos y servicios concretos, no un nombre en abstracto. El alcance real lo deciden las clases y la redacción de la lista.
Cubrir la actividad actual y la previsible, registrar el elemento denominativo y no sólo el gráfico, y no copiar listas ajenas resuelve la mayor parte de los problemas de alcance.